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EL CONSUMO COLABORATIVO:
NUEVO MODELO DE ECONÓMICO

Una moda al auge

Ideonomia

27

Jun

2015

Estamos ante uno de los temas del momento. El consumo colaborativo está dando mucho que hablar estos días y raro es el día que no encontramos alguna noticia relacionada con ello en cualquier medio de comunicación, pese a que irrumpió en nuestras vidas hace aproximadamente un lustro. Pero, ¿qué es el consumo colaborativo y por qué surge?

La crisis global junto al auge de la tecnología, especialmente el uso social de Internet, ha favorecido el desarrollo de este movimiento y las plataformas que permiten compartir recursos así como un crecimiento exponencial en el número de usuarios que las utilizan. En este nuevo escenario, donde compartir gastos es la base y como telón de fondo está el ahorro, promueve un cambio en los hábitos a un consumo más eficiente, sostenible y responsable con menos intermediarios. Este fenómeno se define como Consumo Colaborativo que no es más que compartir, intercambiar, prestar y alquilar bienes o servicios, para lograr una ventaja competitiva que de otra forma no se obtendría a través de la tecnología (Internet). Según Albert Cañigueral, experto en consumo colaborativo en nuestro país, considera que este fenómeno es una irrupción en el mundo económico tradicional que está provocando la transformación de estructuras clásica del consumo, comercio y empresa. Cañigueral afirma que “el consumo colaborativo no es más que lo que se ha hecho siempre entre familiares y amigos: compartir un apartamento en verano, prestar la ropa o carrito de bebe o déjame 1.000€ que te los devuelto el próximo mes .Sin embargo toda esta pequeña colaboración a pequeña escala, si se incluye Internet y RRSS toma una nueva dimensión y velocidad”. En 2010, Rachel Botsman y Roo Rogers, fueron los primeros en popularizar el fenómeno en su libro “What´s mine is yours: The Rise of Collaborative Consumption” tras observar las cosas que ocurrían a su alrededor. El libro analiza y clasifica a nuevas empresas que aparecen, algunas con fines lucrativos, que tienen en común intentar cambiar el ciclo de vida de un producto o servicio bajo tres categorías:

– Sistemas basados en productos-servicio: tradicionalmente cuando una persona necesita el servicio de un producto, compraba dicho producto. Ahora el enfoque es diferente, “el acceso a bienes y servicios puede ser de relevancia prioritaria en detrimento a la necesidad de obtener la propiedad de los mismos”. Es decir, se desplaza el consumo al servicio y se aprovecha lo máximo posible la “capacidad ociosa” del producto. Ejemplo: Zipcar, Babyplay, Manzanas usadas, etc.

– Mercados de redistribución: consiste en donar, regalar o ceder productos que no se utilizan, pero que tiene vida útil, a otras personas liberando espacio en tu hogar o empresa. Para el desarrollo de este modelo surgen plataformas que ponen en contacto a ambas partes y facilitan la transacción, de manera gratuita o bajo una mínima comisión. Claro ejemplo de ello son freecyle.org o nolotiro.org. donde lo más común es la donación de muebles y ropa.

– Estilo de vida colaborativo: se trata de un sistema mediante el cuál se comparten espacios, servicios, nuestra casa o se intercambia tiempo. Ejemplo de ello son Airbnb, Blablacar, Cincinnati Time Store.
Este sistema está sustentado en el ahorro de costes, la confianza entre los usuarios y su reputación. Según Cañigueral, en el mundo digital existe un equilibrio entre reputación y dinero, ya que incluso si tienes dinero, pero tienes mala reputación, no eres un buen pasajero para compartir coche o nadie va a hospedarse en tu casa. Si hay malas opiniones sobre ti, nadie querrá colaborar contigo. Por tanto, la confianza es “moneda” imprescindible en el consumo colaborativo.

Como podemos observar, cada vez son más los sectores que se están sumando al consumo colaborativo, y en nuestro país el mensaje arraiga. Según Nielsen Consumer, el 53% de los españoles estaría dispuesto a compartir o alquilar bienes en un contexto colaborativo, siendo este porcentaje un 9% mayor a la media de Europa, que se sitúa en un 44%. Además, en países donde la crisis económica ha afectado en mayor medida, como es el caso de Portugal o Grecia, la predisposición al consumo colaborativo de un 60% o 61% respectivamente. Según afirmar el director general de Nielsen, Gustavo Nuñez, “La crisis económica ha conducido a un cambio de mentalidad de los ciudadanos en su manera de relacionarse social y económicamente”. Además, un estudio reciente publicado por Avancar llamado “Tendencias del consumo colaborativo en España” donde revela que:

– La sociedad española está habituada a los cambios de comportamiento y cambios culturales si tiene sentido y aportan beneficios especialmente económico.

– Las ciudades donde más consumo colaborativo hay es en Madrid o Barcelona.

– Los usuarios que se encuentran entre los 35 y los 44 años, el 81% de los encuestados han hecho uso de las empresas de consumo colaborativo alguna vez.

– Los hombres lo usan más que las mujeres, especialmente se centran en coches de lujo y tecnologías. Las mujeres prefieren hacerlo en bolsos y artículos relacionados con el mundo de la moda.

Para finalizar cabe destacar que estos modelos de gran éxito tienen un problema de fondo y es el de chocar directamente contra el modelo económico tradicional, afectando de manera directa en la cuenta de resultados de las empresas tradicionales combatiéndose en una amenaza. Todos estamos siendo testigo de ello en los últimos días y como este tipo de plataformas ha generado cierta inquietud en el gremio de los taxis, lo cual les ha llevado a realizar multitud de manifestaciones en las grandes ciudades para que dejen de operar plataformas de transporte colaborativo. Sin embargo, la tecnología es imparable, y estos sectores están asediados como les ha sucedido anteriormente a la industria musical.

De cualquier forma, compartir, prestar, alquilar son verbos que se expanden con una fuerza en la economía mundial, donde el éxito nos muestra una sociedad que quiere el cambio. No obstante aún queda camino por recorrer, especialmente el de regular jurídicamente estas plataformas y servicios para evitar el crecimiento de economía sumergida y mejorar los derechos de los consumidores.